domingo, 8 de marzo de 2015

Amelia Earhart - Lo difícil es la decisión de actuar, el resto es tenacidad


Hoy, Día Internacional de la Mujer, me he topado con la siguiente historia que recoge el libro "Atlas de Islas Remotas" de Judith Schalansky (muy recomendable, por cierto!).

Me ha gustado leerlo precisamente hoy. Es un texto motivador e inspirador, y todo un ejemplo de que el género no nos debe limitar para dedicarnos a lo que realmente queremos. Espero que pronto no tengamos que celebrar un Día de la Mujer.

Confió que os guste!!

                                                                                                                                                                

Aunque logró incontables méritos en las alturas, Amelia Earhart no se conformaba con ser la primera mujer en conseguir tales retos, quería ser, al menos por una vez, el primer ser humano, con independencia de su género, en hacer algo memorable; por ello se propuso ser la primera persona en dar la vuelta al mundo en avión siguiendo la línea del ecuador. Sé que es peligroso, pero lo haré porque tiene que hacerse. La última fotografía que le hicieron antes de iniciar su viaje de 29.000 millas alrededor del globo muestra a una desigual pareja delante del Lockeheed L-10E Electra, un avión aerodinámico de brillo plateado, propulsado por dos motores: Earhart deja caer su mano con cariño sobre el avión, parece que lo acariciara. La cremallera de su mono de aviación está ligeramente abierta, su peinado es perfecto, su cuerpo es largo y esbelto, y su sonrisa, temeraria. A su lado puede verse a su asistente de vuelo, Fred Noonan, una chica tímida pero diligente e imprescindible en las alturas.

La mañana del 2 de julio de 1937 retoman el vuelo después de una parada para repostar en la Isla Lae. La pista de despegue está llena de baches y el avión pesa más de lo habitual, por tener el tanque de gasolina lleno hasta arriba, aunque en realidad solo llevan combustible para volar sin problemas durante unas viente horas. Ya han sobrevolado casi todo el ecuador, han recorrido más de 22.000 millas y el mundo entero queda a sus espaldas; solo les queda una última jornada de vuelo sobre el silencioso océano para cumplir su objetivo.

En la isla de Howland, a 2.556 millas de distancia, los esperan el Itasca, un guardacostas norteamericano, nuevas reservas de combustible y dos camas recién hechas. El atolón es tan pequeño que basta una nube para cubrirlo por completo. A las 7.42 de la mañana se escucha la voz de Earhart en la radio: Estamos llegando pero no vemos nada, nos queda poca gasolina. Una hora más tarde llega una nueva llamada: Volamos 157-377 grados, en dirección norte sur. La tripulación del Itasca otea el horizonte con prismáticos y enciende varias bengalas, pero ya nadie les responde. Amelia Earhart desaparece poco después de haber cambiado la historia de la aviación, el océano permanece en silencio.



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